lunes, 1 de julio de 2019

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Me encanta hablar de ti. Deberías de ver la cara de las personas cuando me escuchan. Ojalá pudieras ver sus ojos brillar mientras describo todo lo que me haces sentir, todo aquello que llenó mi corazón y vino a cambiar mi vida permanentemente. Deberías de ver su sonrisa que surge tan involuntaria al oír los relatos de amor y los sentimientos tan intensos que emanan de la charla. Me gusta contarles todo, de pies a cabeza, sin dejar lugar para dudas. Me emociona hablar de tus defectos y hacerles ver cómo estás lejos de ser perfecta. Les cuento con lujo de detalle cómo es que se dilatan mis pupilas a tu encuentro; les platico cómo te recargas en mi pecho al abrazarte; les hablo de toda esa falta de lógica y razón de mis sentimientos; les leo los textos y odas que he escrito en tu nombre; les pregono acerca de toda esa inspiración que me regalas al estar en mi mente por tan solo un instante. En este momento, todas quisieran ser tú y todos quisieran ser yo, su cara de ilusión los delata cada vez más conforme mi discurso avanza y mis palabras describen lo grande y bello que es esto, esto que por ti yo siento. No discrimino a quien contarle, todo aquel que está dispuesto a escuchar es bienvenido. Creo que jamás me cansaré de contarlo, no importa que pase. Y no confundas mi intensión, no lo hago por ti ni por mi. No lo hago por este sentimiento tan absurdamente grande que no cabe en mi pecho. Lo hago por ellos, ellos que no han sentido ni la más remotamente pequeña parte de lo que es amar de esta manera, por ellos que quieren sentirse parte de un todo que los llene y que los haga sentir plenos. Lo hago por ellos que quieren seguir creyendo que el amor existe y que está entre nosotros. Lo hago por esos que quieren, aunque sea por un momento, sentir que pueden amar y ser amados cómo solo tú y yo podemos testificar. Te invito, amiga mía, a que hables de esto, a que seas testimonio vivo de que el amor es posible y que no es un invento de la cinematografía. Habla de sus defectos, habla de sus contras, habla de todo lo que, de esta vida y la siguiente, te ha permitido percibir. Habla de todo eso, sácalo de tu ser. Porque al final de cuentas, no hay nada más asombroso y grande que nadie aspire a vivir. Porque, incluso al hablar de cómo te ha hecho sufrir, se notará en tus ojos que mueres por volverlo a sentir.

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Jesús Miramontes

jueves, 27 de junio de 2019

Gracias

Para ser sincero, ya hace tiempo que te habías convertido en nada más que un mero invento de mi cerebro, ya hace tiempo pensaba que no existías más que en mi cabeza. Me tomaré la libertad de agradecerte una cosa que aprendí contigo, algo básico y fundamental. Me parece impresionante como es que no depende de la frecuencia; no importa si pasan segundos o años, cada vez obtengo mi lección. No te agradezco que te hayas ofrecido a pasar por mi, gesto muy amable de tu parte. Tampoco es la alegria que me haces sentir con tus gestos tan únicos. No es la admiración mientras me cuentas tus tus responsabilidades y sueños. Tampoco es la confianza que transmites mientras me escuchas. Por supuesto que no es mi enojo con los que no te dejan dormir en paz. Al mismo tiempo tampoco puede ser la envidia que me da el no formar parte de tu familia. Sin dudarlo no es la tristeza que inunda mi corazón al saber que se va a acabar nuestro momento juntos. Contrastantemente, no es la felicidad que inunda mi corazón al sentir que está dónde pertenece. Y no, tampoco es el amor que hace que se aceleren mis latidos, ni ese 'no se que, que qué se yo' que hace que mis pupilas se dilaten para poder verte lo más y mejor posible. Nada de eso te agradezco en esta nota tan especial, porque hay un regalo incluso más grande que al estar contigo me das: lo que más te agradezco es que me recuerdes, en cada lección, que tengo la capacidad de sentir, la capacidad de amar, la capacidad de dejar de ser racional, la capacidad de verme en tus ojos y dejar de pertenecerme, la capacidad de formar parte de algo trascendental. Porque un mundo nace cuando dos se besan, pero esto ha ido más allá. Porque con él solo hecho de estar juntos, siento como si se creara el universo entero, en el cual puede haber una infinidad de mundos, mundos por explorar. Te estaré eternamente agradecido por ser quién eres, y por, con el simple hecho de existir, enseñarme lo que es sentir.

Gracias

Jesús Miramontes