Me encanta hablar de ti. Deberías de ver la cara de las personas cuando me escuchan. Ojalá pudieras ver sus ojos brillar mientras describo todo lo que me haces sentir, todo aquello que llenó mi corazón y vino a cambiar mi vida permanentemente. Deberías de ver su sonrisa que surge tan involuntaria al oír los relatos de amor y los sentimientos tan intensos que emanan de la charla. Me gusta contarles todo, de pies a cabeza, sin dejar lugar para dudas. Me emociona hablar de tus defectos y hacerles ver cómo estás lejos de ser perfecta. Les cuento con lujo de detalle cómo es que se dilatan mis pupilas a tu encuentro; les platico cómo te recargas en mi pecho al abrazarte; les hablo de toda esa falta de lógica y razón de mis sentimientos; les leo los textos y odas que he escrito en tu nombre; les pregono acerca de toda esa inspiración que me regalas al estar en mi mente por tan solo un instante. En este momento, todas quisieran ser tú y todos quisieran ser yo, su cara de ilusión los delata cada vez más conforme mi discurso avanza y mis palabras describen lo grande y bello que es esto, esto que por ti yo siento. No discrimino a quien contarle, todo aquel que está dispuesto a escuchar es bienvenido. Creo que jamás me cansaré de contarlo, no importa que pase. Y no confundas mi intensión, no lo hago por ti ni por mi. No lo hago por este sentimiento tan absurdamente grande que no cabe en mi pecho. Lo hago por ellos, ellos que no han sentido ni la más remotamente pequeña parte de lo que es amar de esta manera, por ellos que quieren sentirse parte de un todo que los llene y que los haga sentir plenos. Lo hago por ellos que quieren seguir creyendo que el amor existe y que está entre nosotros. Lo hago por esos que quieren, aunque sea por un momento, sentir que pueden amar y ser amados cómo solo tú y yo podemos testificar. Te invito, amiga mía, a que hables de esto, a que seas testimonio vivo de que el amor es posible y que no es un invento de la cinematografía. Habla de sus defectos, habla de sus contras, habla de todo lo que, de esta vida y la siguiente, te ha permitido percibir. Habla de todo eso, sácalo de tu ser. Porque al final de cuentas, no hay nada más asombroso y grande que nadie aspire a vivir. Porque, incluso al hablar de cómo te ha hecho sufrir, se notará en tus ojos que mueres por volverlo a sentir.
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Jesús Miramontes
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