martes, 7 de marzo de 2017
Arena en el zapato
Lo mas preciado que se puede experimentar al caminar, es olvidar que se camina. Estar dormido, perdido en un sueño solo se puede disfrutar si no se sabe que se está soñando. En esa realidad fabricada nos reinventamos y disfrutamos lo que parece tan real. Todo funciona hasta que vemos un destello de realidad, de nuestra muerte inminente con el primer rayo de sol, y entonces la ilusión comienza a desvanecerse. No me agradan los sueños. Cada vez que despierto, algo dentro de mi desaparece junto con esa versión que nunca seré. Inmerso en la fantasía no existe esta preocupación porque nada parece existir fuera de ella. Siempre he tenido dificultad para disfrutar lo efímero de las cosas. La retórica usada comúnmente es que la temporalidad solo aumenta la belleza del momento, de la experiencia. Una idea romántica que ayuda a separar el futuro del presente, lo que sabemos y activamente intentamos ignorar. Ignorar es todo lo que necesitamos. Todo a lo que anhelamos. Con suerte un día en el espejo no estaré yo, sino otra persona que reemplazó mi lugar para salvarme. La tragedia existe porque, sin saber que este momento llegará, la única alternativa es avanzar. Continuar la ruta con esa arena en el zapato que prohíbe apreciar el paisaje y nos recuerda que todo lo que hacemos es caminar hacia el mismo precipicio. Nada de esto significa la imposibilidad de disfrutar o de ser feliz, lo que hace es agregar un asterisco a todos estos términos.
A. E. Vázquez
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