miércoles, 1 de marzo de 2017

Que difícil

Qué difícil es formar una relación, y no me refiero a una pareja cualquiera de esas de las que se forman por la necesidad de compañía. Yo hablo de una relación de verdad, en la que los ojos de ella sean una ventana hacia tu futuro, en la que su sonrisa sea la mayor de las recompensas y su bienestar la mejor y más poderosa motivación. No hablo de una relación mundana ni mucho menos de una relación carnal. Qué difícil es formar una relación. Qué difícil es conocer una persona. Qué difícil es llegar a un punto donde sabes que dependes de la otra persona y la otra persona depende de ti. Qué difícil es llegar a conocer todas y cada una de las virtudes de una persona, y más difícil aún conocer todos sus defectos y amarlos aún más que a sus virtudes. Qué difícil es innovar en un lugar donde lo conoces todo y todo está cómodo. Qué difícil es encontrar a la persona adecuada para poder intentar pasar juntos por este ya de por sí difícil proceso. Qué difícil es que un mundo nazca cada que le das un beso.  Qué difícil es querer hablar y estar en silencio porque su belleza no te deja pensar en las palabras adecuadas o porque simplemente no hay palabras para describir lo que ves. Qué difícil es sentir sin restricciones. Qué difícil es sentarse a la mesa, al frente de esta persona y no poder dejar de mirar a ella porque se te va tu aliento cada vez que sus ojos parpadean. Qué difícil es dejar de ver esas pestañas perfectas que al parecer fueron puestas por un artesano divino de una por una sin error alguno. Qué difícil es ver una película con la actriz más bella y aún así saber que no está ni cerca de la misma Afrodita que te toma la mano en ese momento. Qué difícil es ver su silueta perfecta y lo único que se te ocurra es abrazarla y estar cerca. Qué difícil es ver sus pequeños dedos de los pies y hacer cosquillas para ver su alegría y su jovialidad porque eso, y solo eso, te hace feliz. Qué difícil es ver sus mejillas redondas y ruborizadas después de haberle dado una rosa y querer acariciarlas. Qué difícil es amar en exceso y sin medida, qué difícil es amar sin control. Qué difícil es amar. Qué difícil es ver sus dedos resecos y pensar en nada más que perfección. Qué difícil es no encontrar una palabra en tres idiomas diferentes que plasme su belleza. Qué difícil es ver sus imperfecciones perfectas y enamorarse un poquito cada día más. Qué difícil es pensar en ella y no poder dejar de pensar en ella. Qué difícil es acordarse de ella a la mitad de la más divertida de las fiestas. Qué difícil es querer estar con ella siempre y protegerla. Qué difícil es el amor. Qué difícil es amar y no hacerse adicto. Porque parejas hay muchas, pero relaciones pocas.

Que difícil

Jesús Miramontes

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