Qué difícil es formar una relación, y no me refiero a una
pareja cualquiera de esas de las que se forman por la necesidad de compañía. Yo
hablo de una relación de verdad, en la que los ojos de ella sean una ventana
hacia tu futuro, en la que su sonrisa sea la mayor de las recompensas y su
bienestar la mejor y más poderosa motivación. No hablo de una relación mundana
ni mucho menos de una relación carnal. Qué difícil es formar una relación. Qué
difícil es conocer una persona. Qué difícil es llegar a un punto donde sabes
que dependes de la otra persona y la otra persona depende de ti. Qué difícil es
llegar a conocer todas y cada una de las virtudes de una persona, y más difícil
aún conocer todos sus defectos y amarlos aún más que a sus virtudes. Qué
difícil es innovar en un lugar donde lo conoces todo y todo está cómodo. Qué
difícil es encontrar a la persona adecuada para poder intentar pasar juntos por
este ya de por sí difícil proceso. Qué difícil es que un mundo nazca cada que
le das un beso. Qué difícil es querer
hablar y estar en silencio porque su belleza no te deja pensar en las palabras
adecuadas o porque simplemente no hay palabras para describir lo que ves. Qué
difícil es sentir sin restricciones. Qué difícil es sentarse a la mesa, al
frente de esta persona y no poder dejar de mirar a ella porque se te va tu
aliento cada vez que sus ojos parpadean. Qué difícil es dejar de ver esas
pestañas perfectas que al parecer fueron puestas por un artesano divino de una
por una sin error alguno. Qué difícil es ver una película con la actriz más
bella y aún así saber que no está ni cerca de la misma Afrodita que te toma la
mano en ese momento. Qué difícil es ver su silueta perfecta y lo único que se
te ocurra es abrazarla y estar cerca. Qué difícil es ver sus pequeños dedos de
los pies y hacer cosquillas para ver su alegría y su jovialidad porque eso, y
solo eso, te hace feliz. Qué difícil es ver sus mejillas redondas y ruborizadas
después de haberle dado una rosa y querer acariciarlas. Qué difícil es amar en
exceso y sin medida, qué difícil es amar sin control. Qué difícil es amar. Qué
difícil es ver sus dedos resecos y pensar en nada más que perfección. Qué
difícil es no encontrar una palabra en tres idiomas diferentes que plasme su
belleza. Qué difícil es ver sus imperfecciones perfectas y enamorarse un
poquito cada día más. Qué difícil es pensar en ella y no poder dejar de pensar
en ella. Qué difícil es acordarse de ella a la mitad de la más divertida de las
fiestas. Qué difícil es querer estar con ella siempre y protegerla. Qué difícil
es el amor. Qué difícil es amar y no hacerse adicto. Porque parejas hay muchas,
pero relaciones pocas.
Que difícil
Jesús Miramontes
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